UASLP bajo presión: exigen salida de Ana Luisa González en medio de reclamos estudiantiles

La presión sobre la División de Servicios Estudiantiles de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y su titular, Ana Luisa González Sánchez, aumentó tras el suicidio de un estudiante de Ingeniería ocurrido este martes dentro de las instalaciones de la facultad. El hecho conmocionó a la comunidad universitaria y volvió a poner bajo la lupa la capacidad institucional para prevenir y atender problemas de salud emocional, aunque hasta ahora no existe información que permita establecer una relación directa entre el fallecimiento y la actuación de alguna autoridad universitaria.

El caso se suma a otros episodios que han generado cuestionamientos contra Servicios Estudiantiles por presuntas omisiones en asuntos de seguridad, salud mental y violencia de género. Uno de los antecedentes más fuertes ocurrió en octubre de 2025, cuando una denuncia por una presunta violación contra una estudiante de Derecho provocó la toma de instalaciones y bloqueos de más de 30 vialidades, además de cuestionamientos por la respuesta institucional, que terminó con la salida del director de esa facultad y de la titular de la Defensoría de los Derechos Universitarios.

Tampoco se ha borrado de la memoria el accidente de marzo de 2024 en Estomatología, cuando el colapso de unas gradas durante una fotografía grupal dejó nueve estudiantes lesionados y generó reclamos por la atención médica y el acompañamiento psicológico. A estos antecedentes se agregan señalamientos de trabajadores, realizados bajo condición de anonimato, sobre presuntas prácticas de acoso laboral, vigilancia y presión interna, aumentando el cuestionamiento sobre el funcionamiento de la dependencia.

Ante este panorama, estudiantes, colectivos y trabajadores han exigido la renuncia de Ana Luisa González y una revisión profunda del modelo de atención estudiantil. La discusión llega hasta la Rectoría, encabezada por Alejandro Zermeño Guerra, a quien también se le demandan explicaciones y respuestas concretas. La ironía resulta incómoda: una institución encargada de acompañar a sus estudiantes enfrenta precisamente reclamos por la forma en que responde cuando las crisis ya estallaron públicamente.

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